Recientemente salió a la luz un artículo1 de investigación de la Universidad de Granada fruto de la tesis doctoral de la investigadora Sandra Jiménez Arroyo, codirigida por María José Jiménez y Francisco Javier Garrido. En él, la autora, a través de un análisis exhaustivo de los resultados expuestos por diversas investigaciones nacionales e internacionales sobre violencia filio-parental, concluye en la necesidad de que este tipo de violencia sea analizada desde una perspectiva de género.

Los escasos estudios científicos sobre violencia filio-parental, recordemos que es la violencia en el ámbito familiar menos estudiada, constatan que a pesar de que el número de niñas y jóvenes infractoras va en aumento, el perfil de hijo que maltrata continúa siendo el de un varón y el perfil de víctima más habitual, el de la madre (biológica o adoptiva), ya sea criando en solitario o con otros miembros de la familia. Partiendo de esa premisa es que el mencionado estudio proponeviolencia filio-marental como término alternativo más apropiado a este fenómeno, así como que esta violencia tenga la consideración jurídica de violencia hacia la mujer.

A pesar de que este tipo de violencia adolecía hasta hace poco de cierta indefinición, si hay un aspecto, como decíamos, en el que coinciden prácticamente la totalidad de estudios e investigadores e investigadoras es el hecho de que la madre es la víctima más habitual2, lo que no implica en absoluto, que el/la hijo/a no tenga una vinculación afectiva con ella, más bien al contrario, es habitual que exista un importante vínculo fusional entre el/la agresor/a y la madre.

Naturalmente, la madre no es la única víctima, también pueden serlo los/las hermanos/as, abuelos/as, tíos/as, etc… y por supuesto, el padre; aunque éste raramente lo sea en solitario, a diferencia de lo que ocurre con la figura materna que a menudo se presenta como receptora única de la violencia. El padre en cambio, en muchas ocasiones termina siendo víctima al tratar de defender a la madre, por interponerse entre ella y el menor o por pedirle explicaciones sobre su comportamiento. Así pues, podría decirse que casi siempre que se maltrata al padre se agrede también a la madre, pero no a la inversa.

¿Cuáles son los factores que pueden influir en el hecho de que sean las madres las víctimas principales de la violencia filio-parental?

Sin duda, uno de los factores que puede favorecer que las madres sean las víctimas principales es el hecho de que la madre sea la figura referente para los hijos e hijas, aquella con la que comparten mucho más tiempo ya que aunque los roles vayan cambiando y afortunadamente la implicación de los padres en la crianza sea cada vez mayor, sigue siendo la madre quien principalmente ostenta el rol de cuidadora. De igual manera, encontramos que la monoparentalidad femenina se da con mayor frecuencia que la masculina, ya sea porque el padre haya abandonado la familia o por separación o divorcio; en estos casos también acaba ocurriendo que pasan más tiempo con la madre.

No obstante, este no es el único factor a tener en consideración, como hace referencia el estudio mencionado al inicio no podemos obviar la influencia que ejerce sobre esta problemática la cultura machista que impregna todavía la sociedad actual. Es innegable que niños/as y jóvenes experimentan una socialización diferenciada, crecen imbuidos/as de roles no igualitarios y estereotipados que les llevan a exteriorizar frases del tipo: “Mi madre ha de prepararme el desayuno porque es una mujer y porque se lo digo yo”. La consideración de la mujer como “sexo débil” cala aún profundamente en los y las adolescentes, todavía conciben al padre como aquella figura “con mano dura” y a la madre como la persona en la que apoyarse más o buscar mayor comprensión y/o cariño. Esto puede hacer que a menudo consideren a la madre la parte más vulnerable de ambos progenitores y por tanto, más susceptible de ser objeto de su violencia; este hecho, se muestra especialmente evidente en aquellos casos en los que la madre ha de hacerse cargo a solas de la educación de los/las hijo/as tras una disolución del matrimonio por ejemplo.

Y es que creemos equivocadamente que a las nuevas generaciones ya les resultan ajenas ciertas conductas sexistas, nada más lejos, la realidad cotidiana nos está mostrando que los/las menores no han interiorizado plenamente el concepto de igualdad entre hombre y mujer y prueba de ello es que de su conducta violenta se desprende una evidente discriminación hacia sus madres. Un menor que desde una adoptada postura patriarcal considera que su madre es más débil que su padre, que cree que tiene derecho a mandarle porque es una mujer o que su obligación es limpiarle la habitación a él y a sus hermanos varones va a reproducir irremediablemente este patrón en la edad adulta, con su pareja, con sus hijas e hijos y en general, en su entorno más inmediato (trabajo, amigos/as, etc…). No actuar entonces desde la perspectiva de género va a suponer continuar repitiendo ad infinitum conductas violentas y discriminatorias que durante la infancia serán constitutivas de violencia filio-parental pero durante la adultez puede que se trasladen al ámbito de la pareja transmutando entonces en violencia de género.

Por supuesto, el planteamiento que supone adoptar esta perspectiva ante el estudio, abordaje y tratamiento de la violencia filio-parental no significa en ningún caso desatender la protección de los padres y resto de miembros de la familia, los cuales son merecedores del mismo respeto, atención y protección que las madres; supone simplemente trabajar desde una perspectiva más apropiada sobre uno de los factores que convierten a las madres en las víctimas más vulnerables de esta problemática.

De igual modo, que la violencia filio-parental adopte la consideración de violencia hacia la mujer3 no es tampoco cuestión baladí, supone reconocer que tras este tipo de violencia existe todo un sistema que sustenta ese maltrato, que los roles de género imperantes van en contra de una sociedad más justa e igualitaria y que de la asunción de la responsabilidad de no formar parte de la transmisión de los mismos depende el cambio; sin olvidarnos del distinto enfoque jurídico que además esta consideración significaría.

La lucha contra la violencia machista es una «guerra» que, como sabemos, para poder vencerla necesita ser batallada desde varios frentes, quizá sea la violencia filio-parental uno más de esos frentes.

Raquel Fernández

Abogada-Fundadora KUNAYMANA

 

 

 

 

1. Sandra Jiménez Arroyo. Madres victimizadas. Análisis jurídico de la violencia filio parental como un tipo de violencia hacia la mujer. Anales de Derecho, vol. 35, núm. 1, 2017
2. La madre como víctima principal de la agresión aparece en un 56,9 % mientras que el padre tan solo un 4,2%. (Investigación nacional). Carrasco García, N. (2014)
3. En este contexto, estamos hablando de violencia contra la mujer, es decir, aquella que sufre la mujer por el mero hecho de serlo por cuanto la mujer es más susceptible que el hombre de sufrir este tipo de violencia por parte de sus hijos varones; no nos referimos pues, a la violencia de género, la cual se refiere a la violencia ejercida contra la mujer por parte de aquellos que son o han sido cónyuges de la víctima o han estado o están ligados por análoga relación de afectividad aun sin convivencia.
 
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