El acoso sexual en el trabajo es una lacra extremadamente invisibilizada que no cesa. Esta forma de violencia laboral que se ceba de manera especial en las mujeres, emerge a raíz de la progresiva incorporación de éstas al mercado de trabajo. Es un espejo más en el que la Violencia Machista es reflejada ya que recordemos, de acuerdo a la Ley, ésta incluye todas aquellas agresiones sufridas por las mujeres producto de los condicionamientos socioculturales que las han situado históricamente en una posición de subordinación y desventaja respecto a los hombres. Luego la esfera laboral en general y en concreto, el acoso sexual en el trabajo, no son una excepción que consiga escaparse a esta compleja y dolorosa realidad.

Los datos arrojados por diversos estudios1 de investigación realizados en la materia,  reflejan como el grupo social que conforma las mujeres trabajadoras es mucho más propenso a sufrir situaciones de acoso sexual en el trabajo que los hombres y que además, dentro de este grupo, existen subgrupos que son especialmente vulnerables a padecer este tipo de situaciones en el trabajo. Sería el caso de las mujeres solas con responsabilidades familiares (madres solteras, mujeres viudas, etc…), mujeres que acceden a sectores profesionales tradicionalmente masculinos (por ejemplo, una conductora de autobús), las que acceden a su primer trabajo y con un contrato precario de manera frecuente, las mujeres inmigrantes y aquellas que sufren algún tipo de discapacidad.