Ciberacoso escolar: acoso 24 h

En una sociedad digital como en la que vivimos era predecible que el acoso escolar encontrase en los medios digitales el lugar perfecto para campar a sus anchas. En la actualidad, para los/las nativos/as digitales el uso de Internet y las redes sociales se ha convertido en algo imprescindible en su día a día pero también para quienes acosan, en las armas perfectas con las que hostigar a su víctima.

Por ello, en este post nos centraremos brevemente en conocer un poco más acerca de esta problemática la cual supone hoy día una importante fuente de preocupación para madres, padres, comunidad educativa y en especial, para sus víctimas.

Como cualquier tipo de violencia, el ciberacoso provoca graves secuelas psicológicas en quienes lo sufren; no obstante, el ciberacoso resulta especialmente dañino y esto se debe principalmente a dos factores que conviene tener en consideración:

→ En el ciberacoso, el hostigamiento se prolonga fuera de las aulas lo que se suma al acoso presencial que previamente suele sufrir la víctima dentro del centro escolar, esto transforma la situación en un “acoso 24 h”, el/la menor no consigue aislarse de la persecución de la que es víctima. Una vez terminan las clases, el infierno continúa, incluso hasta altas horas de la madrugada. Podemos imaginar el nivel de estrés y ansiedad que supone para el/la menor verse sometido/a a este acoso sin descanso. En otras ocasiones, sin embargo, no se parte de un acoso presencial previo y es la situación de ciberacoso la que acaba derivando en un acoso en las aulas.

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Violencia filio-parental y perspectiva de género

Recientemente salió a la luz un artículo1 de investigación de la Universidad de Granada fruto de la tesis doctoral de la investigadora Sandra Jiménez Arroyo, codirigida por María José Jiménez y Francisco Javier Garrido. En él, la autora, a través de un análisis exhaustivo de los resultados expuestos por diversas investigaciones nacionales e internacionales sobre violencia filio-parental, concluye en la necesidad de que este tipo de violencia sea analizada desde una perspectiva de género.

Los escasos estudios científicos sobre violencia filio-parental, recordemos que es la violencia en el ámbito familiar menos estudiada, constatan que a pesar de que el número de niñas y jóvenes infractoras va en aumento, el perfil de hijo que maltrata continúa siendo el de un varón y el perfil de víctima más habitual, el de la madre (biológica o adoptiva), ya sea criando en solitario o con otros miembros de la familia. Partiendo de esa premisa es que el mencionado estudio proponeviolencia filio-marental como término alternativo más apropiado a este fenómeno, así como que esta violencia tenga la consideración jurídica de violencia hacia la mujer.

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El acoso sexual en el trabajo

El acoso sexual en el trabajo es una lacra extremadamente invisibilizada que no cesa. Esta forma de violencia laboral que se ceba de manera especial en las mujeres, emerge a raíz de la progresiva incorporación de éstas al mercado de trabajo. Es un espejo más en el que la Violencia Machista es reflejada ya que recordemos, de acuerdo a la Ley, ésta incluye todas aquellas agresiones sufridas por las mujeres producto de los condicionamientos socioculturales que las han situado históricamente en una posición de subordinación y desventaja respecto a los hombres. Luego la esfera laboral en general y en concreto, el acoso sexual en el trabajo, no son una excepción que consiga escaparse a esta compleja y dolorosa realidad.

Los datos arrojados por diversos estudios1 de investigación realizados en la materia,  reflejan como el grupo social que conforma las mujeres trabajadoras es mucho más propenso a sufrir situaciones de acoso sexual en el trabajo que los hombres y que además, dentro de este grupo, existen subgrupos que son especialmente vulnerables a padecer este tipo de situaciones en el trabajo. Sería el caso de las mujeres solas con responsabilidades familiares (madres solteras, mujeres viudas, etc…), mujeres que acceden a sectores profesionales tradicionalmente masculinos (por ejemplo, una conductora de autobús), las que acceden a su primer trabajo y con un contrato precario de manera frecuente, las mujeres inmigrantes y aquellas que sufren algún tipo de discapacidad.

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Diferencias entre acoso laboral, estrés laboral y burn out

En el post de hoy vamos a profundizar en las diferencias existentes entre el acoso laboral o mobbing, el estrés laboral y el Burn out o Síndrome del quemado/a.

Todos son riesgos laborales de tipo psicosocial pero cada uno presenta sus propias características diferenciadoras las cuales supondrán una perspectiva psicológica y jurídica distintas. Debemos ser conscientes de la importancia de saber distinguirlos debidamente, no es una cuestión baladí; una correcta distinción nos conducirá a un diagnóstico, enfoque y tratamiento adecuados y a su vez impedirá una injusta victimización secundaria.

Veamos previamente a su comparativa el concepto y las características esenciales de cada uno de ellos.

El estrés laboral

¿Qué se entiende exactamente por estrés? Selye (1907-1982), médico austro-húngaro al que se le atribuye su definición en 1926, definió el estrés como la respuesta corporal inespecífica que se produce en el organismo ante cualquier demanda externa que pueda suponer una amenaza para su equilibrio. Por tanto, al estrés per se no debe otorgársele una connotación negativa, más bien al contrario ya que es una reacción adaptativa que se dispara ante una demanda ambiental excesiva. El problema surge, como sabemos, cuando la respuesta ante estos estímulos es demasiado frecuente, intensa o duradera.

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Bullying: epidemia de violencia en las aulas

El Bullying no es nada nuevo. El acoso en las aulas ha existido siempre, aunque sin lugar a dudas, estamos ante un fenómeno que se recrudece y va en aumento. Según el último informe realizado por la UNESCO dos de cada diez niños asegura haber sufrido acoso escolar en el mundo. No parece tratarse sólo de un “juego de niños”.

No obstante, torpe y lánguidamente, parece imponerse una mayor concienciación social de esta problemática que, en el peor de los casos, acaba costándole la vida a niños/as y jóvenes a los que aguardaba toda una vida por delante, sin olvidar sus familias, víctimas colaterales de semejante tragedia. Permanece ya imborrable en el imaginario colectivo, el caso del joven vasco de quince años Jokin Ceberio, el cual se quitó la vida en 2004 después de sufrir bullying durante un año en su instituto. Lastimosamente, no fue el primero ni el único pero la transcendencia mediática que adoptó el caso generó un inusitado debate que resultó ser precursor de una incipiente visibilización de la problemática.

Pero en el camino hacia la prevención y el tratamiento del acoso escolar aún queda mucho por andar. Es cierto que al igual que en otra clase de violencias se han creado organismos públicos ad hoc para su estudio, observatorios que sin embargo no parecen conseguir atajar el problema de raíz. La violencia en las aulas es un fenómeno in crescendo para el que los protocolos antiacoso se nos están mostrando como instrumentos claramente insuficientes. Probablemente, uno de los motivos sea que, como también sucede con otro tipo de violencias, la violencia escolar se trate de una cuestión de base multifactorial. De ahí que centrar el foco sin más en responsabilizar al centro escolar suponga una visión parcial, incompleta y simplista del problema, al igual que lo es centrarse sólo en los/las menores que acosan.

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