El acoso sexual en el trabajo se define como aquel comportamiento verbal o físico de naturaleza sexual que, realizado en el centro de trabajo (o fuera de él si tiene relación con el trabajo) pretende atentar contra la dignidad e integridad de la persona creando un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo. Este comportamiento nunca es deseado por la víctima que lo recibe.

Los comentarios sobre la apariencia física, pedir favores sexuales a cambio de promocionarse en el trabajo, un contacto físico deliberado y no deseado por la víctima o hacer desagradables bromas sobre sexo son algunos ejemplos de comportamientos realizados por los/las acosadores/as hacia las víctimas de acoso sexual.

El acoso por razón de sexo en el trabajo en cambio, es aquel comportamiento realizado de forma repetida y sistemática en función del sexo de una persona, con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de la víctima y de crear un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo.

Utilizar humor sexista, menospreciar una tarea por el hecho de ser realizada por una mujer, ridiculizar a una persona que asume una tarea tradicionalmente asumida por el otro sexo (puede ser el caso, por ejemplo, de un enfermero) o dirigirse de forma ofensiva a una persona son comportamientos que atentan abiertamente contra la dignidad del trabajador o trabajadora y que son objeto de acoso por razón de sexo.

Mención especial merecen las situaciones de acoso por razón de sexo derivadas de situaciones de embarazo y maternidad conocidas también como mobbing maternal. El acoso puede darse en estos casos, por ejemplo, cuando la mujer comunica a la empresa su embarazo, cuando se incorpora de nuevo al trabajo o si solicita alguno de los derechos laborales legalmente previstos y reconocidos.

Sin lugar a dudas, dar el paso de enfrentarse a una situación de acoso sexual implica armarse de valor. Plántale cara al acoso y da el primer paso para salir de esa situación.